Mito de la raza

Octubre está a la vuelta de la esquina.  No debería ser un mes conmemorativo a Cristóbal Colón (Columbus Day) o una evocación a la “raza”.

Por una parte, Colón no descubrió el continente “Americano” y, por la otra, la raza solo existe en la mente de aquellas personas que buscan una razón para dividir a la humanidad.

Si nos ponemos a analizar a la gente, podemos concluir que cada grupo étnico y nacional es intrínsecamente igual al otro.  Evidentemente hay gente de diversos colores; sin embargo, en el fondo, todos ellos tienen las mismas cualidades biológicas.

Inicialmente, todos cumplimos el ciclo vital de la vida: nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.  Empero, a diferencia de las otras especies y de las plantas, nosotros somos seres racionales.  Es decir, tenemos la capacidad de pensar, sentir, planear, amar, buscar nuestros objetivos y, por qué no, tenemos la virtud de disfrutar y celebrar conscientemente.

En sociedades incipientes capitalistas de Europa del Siglo XVII, periodo en que el capital empezaba a mermar las castas sociales, algunos científicos del Iluminismo dieron las primeras pautas de las diversas razas existentes en la tierra.  Por supuesto que, de acuerdo a sus teorías, la raza europea era la mejor y las demás secundarias.

En 1684, el francés François Bernier fue uno de los primeros en proponer una división integral de las razas humanas en la tierra.  Luego, aproximadamente un siglo después (1779), el alemán Johann Friedrich Blumenbach introdujo una división racial basada en los colores de la piel.  Su división consistía en: mongólico o amarillo, americano o rojo (de ahí viene el denominativo redskins a los grupos indígenas), caucásico o blanco, malayo o pardo y etiópico o negro.

En el Siglo XX, la raza se convertirá en un elemento fundamental para discriminar sistémicamente a los grupos minoritarios de Estados Unidos y Europa.

El régimen totalitario de Adolfo Hitler llevará el concepto de raza a su máxima expresión, instituyendo la exterminación de poblaciones no blancas en Alemania.  Hitler no solamente ordenó la matanza de millones de judíos, sino también de gitanos y otras etnias y nacionalidades de otros países.

En consecuencia, la raza es fundamentalmente un concepto social que no tiene nada que ver con las diferencias orgánicas y genéticas de los seres humanos.  Esas diferencias subsisten en las mentes de los racistas y aquellos creyentes en la teoría de la evolución social.

Lo que existe, por el contrario, son las etnicidades y nacionalidades o conceptos basados propiamente en las costumbres y los rasgos culturales de la gente.  La raza es un mito.

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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