División de Irak

Irak está nuevamente en el centro de la problemática mundial. Durante el régimen de Saddam Hussein, el problema fue en torno al autoritarismo de su régimen militar, el dominio de una minoría religiosa islamista suní y una ambición inusitada de convertir a su país en el poder dominante del Medio Oriente.

Paradójicamente, la dictadura de Hussein permitió un equilibrio de los diversos grupos étnicos y nacionales en Irak por más de 20 años, aunque para ello tuvo que recurrir a la represión, la tortura y otras formas condenables por la comunidad internacional. En su momento, Hussein aplacó a los grupos disidentes de chiitas y kurdos con la utilización de armas químicas.

La invasión por una coalición de fuerzas militares liderada por los norteamericanos en 2003 propició el desmantelamiento del aparato autoritario iraquí y la eventual captura y condena a la ahorca de Hussein. La invasión también rompió el balance social existente en Irak y permitió que las mayorías chiitas, quienes habían sido reprimidas por Hussein, dominen el nuevo entorno de la sociedad iraquí.

En otras palabras, hubo una reversión de poderes. Los que estaban arriba, ahora están abajo y viceversa. El nuevo líder de Irak, el Primer Ministro Nouri al-Maliki, no ha podido integrar a las minorías religiosas sunitas en su gobierno, ni tampoco pudo frenar los sentimientos secesionistas de los kurdos, quienes crearon un enclave político y territorial en la zona norte de Irak.

Es este sentido, el nuevo movimiento del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) es producto de la debilidad del gobierno de al-Maliki. Este grupo radical yihadista tiene como objetivo derribar el actual gobierno chiita de Irak, también destronar la dictadura siria de Bashar al-Assad y crear un califato unido en territorio de ambos países.
El EIIL es un proyecto osado y, por qué no, imaginativo. A pesar de las victorias logradas en el noroeste de Iraq y el oriente de Siria, todavía no tiene la capacidad de derrocar al gobierno de al-Maliki y/o de al-Assad.

Sin embargo, la incidencia del EIIL es más pronunciada en la homogeneidad de la sociedad iraquí. La etnia-nacional kurda, cuya población en Irak sobrepasa los 4 millones, está presta a utilizar la falta de gobernabilidad como un artificio político para legitimar su independencia. La insurgencia yihadista del EIIL ha aumentado los sentimientos secesionistas en las poblaciones kurdas y ha dotado a sus líderes de mayores elementos políticos para establecer un nuevo Estado de Kurdistán.
El gobierno norteamericano, a través de su secretario de estado John Kerry, expresó que no está de acuerdo en la división territorial de Irak. Mientras no exista un apoyo militar real, de soldados norteamericanos en el campo de batalla, las palabras de Kerry solo se pierden en el aire.
La realidad en Irak es bastante delicada. En esta nueva coyuntura de guerra los únicos vencedores son los kurdos.

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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